LUGARES CURIOSOS ENTRE BÉLGICA Y HOLANDA

Baarle
Dos reinas consortes de dos países con frontera y ciudades compartidas

Hoy vamos a redactar un post de lo más corto. Solamente una breve reflexión a partir de la imagen que nos hemos encontrado por la red y que nos ha hecho recordar nuestra visita a la ciudad de Baarle, a la que os recomendamos que vayáis a visitar por lo curiosa que es.

Es una pequeña localidad de Brabante, sobre la propia frontera entre los Países Bajos y Bélgica, países entre los que se reparte la región.

Está dividida en dos municipalidades: Baarle-Hertog (Bélgica) y Baarle-Nassau (Países Bajos), y lo más curioso de todo es que puedes ir saltando de un país a otro a medida que paseas por la ciudad, ya que toda ella está marcada por una línea divisoria de adoquines que puedes atravesar con solo cruzar de una acera a la otra.

Baarle
Línea divisoria de los dos países que atraviesa la ciudad

El origen de esta curiosa situación tiene sus raices en los pequeños estados medievales que conformaban la zona, que tras la firma de la Paz de Westfalia (primer congreso diplomático de la Edad Moderna) quedaron divididos entre las Províncias Unidas de los Países Bajos y los Países Bajos del Sud, situación que las casualidades históricas han querido mantener vigente hasta nuestros días.

Baarle
Una ciudad, dos países

En la actualidad Baarle-Hertog cuenta con veinticuatro pedazos de terreno -aislados entre sí- dentro de los Países Bajos, que a su vez contienen siete enclaves neerlandeses en su interior, correspondientes a Baarle-Nassau.

La complicación de esta frontera hace que algunas casas y comercios queden divididos entre los dos países, lo que ha hecho que a lo largo de la historia la aplicación de las leyes de cada uno de los países en sus respectivos territorios haya dado lugar a situaciones completamente kafkianas.

Por ejemplo, se ha dado el caso de que restaurantes de la zona holandesa tuviesen que cerrar más temprano que los de zona belga, dando lugar a que las terrazas que ocupaban ambos lados de la frontera tuviesen que vaciar de comensales una parte de las mesas a una hora determinada, mientras que podían continuar atendiendo a los que se encontraban en el resto hasta más tarde.

En resumen, una curiosa historia que no está de más conocer.

Para saber más:
Baarle, el pueblo de las mil fronteras

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