VISITA DE ESTADO, VISITA OFICIAL, VISITA DE CORTESÍA…

Desde su ascenso al trono, el pasado día 30 de abril, los nuevos monarcas de los Países Bajos, Willem-Alexander y Máxima, han iniciado toda una serie de visitas oficiales de cortesía a diferentes países europeos, que empezaron por Luxemburgo, y les ha llevado a Alemania, Dinamarca, el Reino Unido, Noruega, España y, hasta el momento, Suecia, que además han ido intercalando en medio de un recorrido por las diferentes regiones de su propio país.

Visita oficial
Primera visita de cortesía de los nuevos monarcas holandeses a Luxemburgo

La pasada semana, los nuevos monarcas de Bélgica han anunciado que también tienen previsto realizar diferentes visitas de cortesía por Europa, y para empezar han elegido como destino los Países Bajos, país que junto a Bélgica formó el Reino Unido de los Países Bajos durante quince años, hasta su independencia en 1830, lo que deja constancia de los lazos históricos que unen a ambos países.

Pero, ¿por qué hablamos de visitas oficiales o de cortesía, en lugar de hablar de visitas de estado, cuando en ambos casos se tratan de las primeras visitas que realizan unos monarcas, que son jefes de estado, a otros jefes de estado con mayor antigüedad en el cargo? Pues bien, para entenderlo fácilmente recurriremos a la teoría que nos aclarará la duda de manera inmediata.

Una visita de estado es la que realiza un jefe de estado (monarca o presidente de república) a un país extranjero por razón de su cargo, y que hace una sola vez mientras se mantenga en el poder la misma persona. Conlleva una importante trascendencia política, y es una manera de escenificar y fortalecer las relaciones de amistad entre dos estados.

Visita oficial
Visita de Estado a China del presidente de Kirguistán

Este tipo de visitas se llevan a cabo en respuesta a una invitación previa, que se envía a iniciativa del estado anfitrión, y por sus características es una de las actividades más complejas dentro del Protocolo Diplomático. La amplitud del programa de actos exige el máximo nivel técnico de esta disciplina protocolaria, que además se verá magnificado por el volumen de personas que participarán (entre autoridades y séquitos), ya que cuando se expide una invitación, ésta es extensible al consorte del jefe de Estado y a su séquito oficial. El estado anfitrión es quien asume la organización y coordinación de todos los aspectos relacionados con la seguridad, alojamiento, traslados y comunicaciones, pero trabaja en colaboración con la sede diplomática y el ministerio de Asuntos Exteriores del país que ha sido invitado.

Una vez finalizada una visita de estado, como ya hemos comentado, se supone que no se podrá volver a hacer otra a tan alto nivel, hasta que no haya un cambio en la jefatura de estado de uno de los dos países. No obstante, podría darse el caso que en países regidos por un monarca, dado el carácter vitalicio del cargo, hubiera una segunda ocasión de manera extraordinaria.

El resto de visitas, tanto del jefe del Estado, como de su consorte, príncipes herederos y jefes de Gobierno, se engloban dentro del grupo de las visitas oficiales. Pueden ser visitas de trabajo cuando tienen una finalidad principalmente económica o empresarial, visitas de cooperación cuando tienen carácter humanitario o social, y visitas de cortesía, como las que están llevando a cabo los nuevos monarcas europeos para presentarse oficialmente ante sus homólogos. La iniciativa de la visita oficial parte del estado que la va a realizar, no del estado que la va a recibir.

Visita oficial
Visita de trabajo del rey de España a Washington

Evidentemente, el programa de una visita oficial es mucho más simple que el de una visita de estado (de cuya estructuración y organización hablaremos en un post posterior), por lo que, tanto el protocolo como el ceremonial, se simplifican considerablemente.

La visita de Estado

Volviendo a las visitas de estado, y de acuerdo con el protocolo internacional tradicional, los motivos que priman para que se envíe una invitación a otro estado suelen ser criterios de vecindad o familiares entre las casas reales reinantes en los dos países, lazos históricos comunes o que sea un tema de interés prioritario en la política exterior del país.

El número de visitas de estado que se pueden organizar en un país a lo largo de un año suele ser limitado. En el caso del estado español se suelen programar hasta cuatro salidas anuales de los monarcas, y se cursan hasta ocho invitaciones a jefes de Estado extranjeros para que visiten España. De un tiempo a esta parte, debido a los problemas de salud de nuestro monarca, el príncipe de Asturias es quien está asumiendo las funciones protocolarias y de representación internacional, por lo que las visitas que se están llevando a cabo al extranjero son de carácter oficial. Según la hemeroteca publicada en la página web de la Casa Real, la última visita de Estado que realizaron nuestros monarcas fue en mayo de 2011, y su destino fue la Confederación Helvética.

Visitas entre España y Reino Unido

Es habitual que al finalizar la visita, por cortesía recíproca, el jefe de Estado extranjero invite a visitar su país a sus anfitriones. Un ejemplo práctico de esta reciprocidad la podemos ver reflejada en las visitas de Estado que realizaron los reyes de España al Reino Unido en 1986, y con la que realizó la reina Elizabeth II realizó a España dos años más tarde, en 1988.

Visita Oficial
Reciprocidad en las visitas de Estado

Tras diferentes desencuentros políticos entre ambos países, derivados del tema Gibraltar, en 1985 el Ministerio de Asuntos Exteriores español emitió un comunicado en el que anunciaba que: “A invitación de su Majestad la reina Isabel II de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, sus majestades los Reyes realizarán una visita de Estado al Reino Unido en la primera mitad de 1986. Sus majestades se alojarán en el palacio de Windsor”… Fue la primera visita de Estado al Reino Unido desde el reinado de Alfonso XIII. Las deferencias de la soberana británica para con sus invitados fue exquisita. Envió a los príncipes de Gales, Carlos y Diana, a recibir a los reyes en su nombre a pie de avión (ya que ella nunca lo hace personalmente); los monarcas se hospedaron en el Castillo de Windsor, un lugar mucho más familiar y emblemático para la corona británica que el Palacio de Buckingham; y al rey Juan Carlos le invitaron a intervenir ante el Parlamento británico en una sesión conjunta de ambas cámaras, cosa que no había hecho hasta ese momento ningún otro monarca extranjero.

Finalizada la visita, los reyes invitaron a la reina Elizabeth y al duque de Edimburgo a visitar España, cosa que llevarían a la práctica dos años más tarde. El príncipe de Asturias fue quien se desplazó al aeropuerto a recibirlos, y los monarcas los acompañaron en todo momento durante su estancia en el país. Incluso se incluyó una visita privada a la isla de Mallorca como colofón del programa oficial. Esa visita de Estado supuso la primera que un monarca británico realizaba a suelo español.

A estas dos visitas de estado, que pretendieron normalizar las relaciones políticas entre España y el Reino Unido, les han seguido otras muchas de carácter oficial y privado. La última visita oficial de un miembro de la Casa Real británica la protagonizó el príncipe de Gales con su actual esposa, la duquesa de Cornualles, en 2012, y los desplazamientos privados de la reina de España a la capital británica son vox populi en los medios de comunicación.

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Visita oficial de los herederos británicos a España

No obstante, la sombra de Gibraltar volvió a planear negativamente entre los dos países, cuando el Gobierno español consideró poco conveniente que nuestra monarca asistiera a la ceremonia del 60º aniversario de la llegada al trono de la reina Elizabeth, a la que había sido invitada, debido a una visita oficial que realizaron los condes de Wessex al Peñón, como parte del calendario del jubileo.

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Visita oficial de los condes de Wessex al Peñón

En resumen, y de acuerdo con lo comentado, ya podemos diferenciar claramente entre las visitas de estado, que son las de más alto nivel que se organizan en un país, y las realiza el jefe de Estado como máxima autoridad del mismo; y las visitas oficiales, que se pueden realizar tanto por motivos de trabajo como de cortesía, y que además del jefe del Estado, las pueden llevar a la práctica otras autoridades.

Visitas de carácter privado

No podemos dejar de mencionar las visitas privadas, ya que a pesar de que como su nombre indica son “de carácter privado”, dada la relevancia de las personas que las realizan se pueden llegar a anunciar con antelación, incluso por vía diplomática. Un ejemplo fue el viaje a Málaga que la primera dama estadounidense, Michelle Obama, junto a su hija Sasha hicieron en el verano de 2010, y que incluyó una visita al Palacio de Marivent donde fueron recibidas por los reyes y la princesa de Asturias.

Visita oficial
MA01 RONDA (MÁLAGA), 07/08/2010.- La primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama, que acudió hoy a Ronda (Málaga) acompañada de su hija Sasha dentro de sus días de estancia en España, se dirige al automóvil tras visitar la iglesia de Santa María la Mayor de la localidad malagueña. EFE/Jorge Zapata

Dos curiosidades

Para finalizar este primer post dedicado a las visitas de las autoridades de un país a otro país, comentaremos dos curiosidades relacionadas con la Confederación Helvética y el Estado Vaticano.

En el primer caso, y de manera tradicional, la Confederación Helvética no acepta invitaciones para visitar otros estados, dado que la representatividad del estado la ejercen de manera colegiada los siete miembros de un Consejo Federal, que es la máxima autoridad el país. Por lo tanto, en lenguaje diplomático, no suelen respetar el principio de reciprocidad en las invitaciones, ya que al no existir un único jefe de Estado, no pueden responder con un viaje de Estado a otro país de manera colegiada.

En el segundo caso, los encuentros de jefes de estado con S.S. el Papa dejaron de considerarse visitas de estado, para pasar a denominarse “audiencias pontificias”, debido a un cambio en el protocolo del Vaticano en 2009. Vale la pena recordar también la rigurosidad en el ceremonial y la etiqueta que se debe seguir. Los jefes de estado suelen ir acompañados de sus cónyuges, el embajador ante la Santa Sede es el diplomático que encabeza el séquito oficial, los honores militares los rinde un piquete de la Guardia Suiza, y la indumentaria que exige la etiqueta es el frac o el uniforme militar para los caballeros, y un vestido negro con la cabeza cubierta para la damas, a excepción de aquellas soberanas que gocen del Privilège du blanc, del que ya hablamos en su momento en el blog.

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